Al Dios de los Sueños

Al Dios de los Sueños

Cuando yo no era nada, ella me tomo en sus brazos y me beso con tal suavidad que me dio forma, vida y una razón para continuar.

Soy una bestia sagrada o como otros dicen “el títere de un dios”. Sirvo fielmente a la mujer que me dio la vida, pero no por obligación, es más una devoción. Ella es frágil, pero nadie más lo ha notado; ella llora al ver la muerte de otros seres, ella ríe a ver el nacimiento de otras criaturas, y tiene un gran secreto.

  • Soy una diosa que puede dar vida, pero jamás podré dar vida de mi misma, de mis entrañas… los dioses estamos vacíos por dentro –pensaba en voz alta
  • Tú me diste vida… -intentaba consolarla
  • Y desde que tú llegaste a mi hiciste mis días más feliz, pero también te encadene a mi soledad. Sabes, nosotros los dioses no sabemos cómo llegamos aquí, solo estamos y sabemos que debemos hacer con los poderes que nacimos y en mi larga existencia solo he sentido una vez la necesidad de crear a alguien como tú, eres mi más grande creación, pero también serás la única. ¿Te sientes solo? ¿me dirás cuándo te sientas solo?
  • Desde que te vi no me he sentido solo, ni siquiera he sentido una tristeza como la que tú me describes, ¿acaso yo tengo un problema?
  • No, tú eres perfecto. Así te hice yo, como yo quisiera ser… plena y feliz
  • Y por eso, intentaré darte la felicidad, quiero que mi existencia alcance para eso…
  • ¿Siempre estarás a mi lado?
  • Tú me creaste, eres la única para mí.
  • Oh, mi amado… –beso mi frente y seguimos nuestro camino.

Mi diosa suele encontrarse con otros dioses, a los cuales besa y toca de maneras que jamás lo hará conmigo… quizás mi forma le causa repulsión, pero es imposible. Ella dice que me ama, que soy lo que ella quiso ser. Eso dice.

Hoy estamos en el reino de los cielos, con el dios de la lluvia. Llevamos dos semanas aquí, y mi diosa no ha salido de la habitación del dios. Estoy aburrido, solo, triste. He recorrido el castillo infinidades de veces y ya lo conozco muy bien, nada me sorprende.

  • ¿Oh? Qué es lo que veo… -el dios de la lluvia me saluda- si eres el sirviente de la diosa de vida… estás triste quizás, ¿quieres ver a tu ama?, no puedes… está cansada. La dejo muy cansada, quizás me excedo… pero ella siempre me lo pide. No puedo negarme… soy un caballero
  • Disculpe las molestias…

Mi diosa me lo ha dicho antes, el dios de la lluvia es bastante corriente para ser un dios. Pero no importa lo que ella opine de él, siempre pasa la noche con él cuando venimos a este reino.

  • ¡oye…! Tú… sí, tú… ven

Alguien me llamaba desde una esquina del jardín.

  • ¿Eres el títere de dios no? Pero también estás enamorado de tu señor… que interesante criatura
  • ¿Qué eres? – no podía ver su rostro, estaba muy oscuro
  • Digamos que soy un niño, y me gusta jugar… ¿jugarías conmigo?

No, no lo es correcto; me gustaría responderle, pero no puedo.

  • ¿A qué?
  • ¿Eres bueno con el licor? Al dios de la lluvia le encanta tomar buen licor y todos en su reino tomamos. Toma una ronda conmigo… será como un juego
  • Está bien.

Diablos, no recuerdo nada… ¿dónde estoy? ¿dónde está ese ser? ¿y el licor? La cabeza me mata, me da vueltas. ¿Un brazo? ¿mi brazo? ¡Tengo brazos? … pero qué diablos sucede, esta no es mi figura, yo no tengo brazos ni piernas… yo no tengo un rostro así, parezco… parezco un dios.

  • Despertaste… -la misma voz del niño
  • ¿Qué me has hecho?
  • ¡Ahora si va a comenzar el juego? –su voz ya no era dulce- sé que estás enamorado de tu señora, y sé que deseas poseerla… yo te he dado las herramientas, y he dormido a todos con mi licor. Ella espera al dios de la lluvia, pero ¿y si llegas tú? Creo que sería muy divertido.
  • ¡Estás loco! Yo no puedo tocar a mi diosa
  • Tranquilo, ella no te va a reconocer en ese cuerpo…. Piensa rápido, ese cuerpo no durará mucho.

Ese diablillo desapareció frente a mis ojos. Lo mejor será buscar a mi diosa y pedirle consejo. Algo de razón tenía ese niño, todos los seres del castillo estaban tirados en el suelo durmiendo así que podía caminar con tranquilidad. Frente a la alcoba del dios dudé entrar, pero si todos dormían nadie me vería.

  • Mi diosa…
  • ¿Quién eres tú?
  • ¿ah? –tenía razón, no me reconocía… – soy… soy un dios como tú
  • Nunca te había visto, pero te me haces familiar… muy familiar… ¿cómo te llamas?

Era un sueño; ella realmente no me reconocía, quizás si podía hacer lo que quería en este cuerpo.

  • Soy el dios de los sueños…
  • No escuché de ti antes, pero un gusto. Soy la diosa de vida
  • Lo sé… -me acerqué para besar su mano
  • Eres muy educado… ¿quieres hacerme compañía un rato?

Nos recostamos en la cama y ella comenzó a hablar, cosas que nunca antes me había contado en mi forma real. Hablaba del tiempo antes de mi llegada, de lo sola que se sentía, de lo triste que era, del deseo incontrolable de acabar con su existencia. ¿Cómo yo no sabía aquellas cosas?

  • ¿Aún deseas eliminarte? –estaba asustado de la respuesta
  • No, ya no… -lanzo un largo suspiro- ahora lo tengo a él.

¿A quién? ¿Al dios de la lluvia?

  • ¿Has escuchado de mí antes? ¿Sabes lo que hago con otros dioses? –su actitud cambio- ¿sabes que me acuesto con todos los dioses por que no puedo poseer al que yo deseo? Y aun así has venido a esta habitación… que delicia.

Las cosas habían cambiado. Se sentó sobre mí mientras me desnudaba sin ningún problema, no tuvo que excitarme, ya lo estaba. Metió su lengua en mi boca y me deje llegar, sentí el ritmo de sus caderas, el calor de su cuerpo, recorrí su cuerpo con mis manos y lengua, me perdí en sus senos, jalé de sus largos cabellos una y otra vez, y deje que gritará como nunca la había escuchado.

Se durmió en mis brazos y mientras la observaba volvió aquella voz.

  • Debes irte si no quieres que ella te descubra. El licor está por dejar de hacer efecto…
  • Está bien –me levanté y salí de la habitación.

Los días pasaron y no había ido a buscar a mi diosa, ni tampoco a aquel niño. La conciencia me estaba matando. Si ella se llegará a enterar que fui yo el de aquella noche, me odiaría. Pero no podía evitarla por siempre…

  • ¡Aquí estabas! –mi diosa me había encontrado
  • Mi diosa –no la miraba
  • Ya debemos marcharnos… ¿estás listo?
  • Sí… ¿a dónde iremos?
  • A buscar un dios…
  • ¿Cuál?
  • Al dios de los sueños…

Diablos. ¿Qué he hecho?

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