Bailando en el salón del amor

Bailando en el salón del amor

Si crees en el destino, en el amor eterno, en la felicidad, y una vida de paz, esos sueños jamás se cumplen acá, eso pensaba.

 

Llevo viviendo 25 años y no creí en el amorpor un pequeño trauma. De pequeño me enamoré de mi querida vecina, pero cuando cumplió 8 años la dejé de ver. Ya no venía a mi casa a jugar ni la encontraba en el jardín; asustado le pregunté a mi madre qué le había pasado.

  • Ella está comprometida con un joven muy importante, no puede ser amiga de otro niño.

Mi madre dio por terminado el tema y yo nunca insistí más, pero siempre viví con la idea de que perdería a mis amigas si se comprometían. Al momento de ingresar a la escuela pude tener nuevos amigos, pero amigas muy pocas y no duraban ni un año escolar pues se comprometían y debían retirarse de la escuela. Muy pocas eran las mujeres que se quedaban, algunas no estaban comprometidas y otras habían conseguido que sus prometidos les permitieran terminar los estudios; esas pocas no tenían mucha interacción con varones. Según mi madre, una mujer debía comprometerse en su infancia y muchas veces el prometido cuidaba tanto a la novia que prohibía el contacto con otros varones; era lo mejor.

  • ¿mi padre te permitió terminar los estudios de forma normal?
  • No –siempre se sonrojaba al hablar de papá- él fue muy amable, me pago un profesor particular e incluso en la universidad vio que solo tuviera asesores y nunca participará en clases mixtas.
  • ¿eso es amable? –estaba horrorizado, mi padre era como los prometidos de mis compañeras.
  • Por supuesto, y más te vale entender esos sentimientos pronto. Estoy buscando la prometida ideal para ti.

No lo había pensado hasta esa conversación. En la universidad era muy raro encontrar algún amigo que no estuviera comprometido ya que conocer mujeres en la universidad era imposible, ellas llevaban clase en otro edificio y en muchos casos en una universidad privada. Estaba acostumbrado a pasar el rato con mis amigos o estudiando, pero había días que no tenía con quien –la mayoría pasaba tiempo con sus prometidas-. Dentro de mi minúsculo círculo estaba mi mejor amigo Karl, últimamente lo veía muy poco pues su boda se acercaba y pasaba todo el tiempo posible con su prometida, viendo la organización, fiesta, luna de miel, y más cosas. No me vi sorprendido el día que me entrego la invitación, ni su insistencia a que debía asistir.

En la iglesia intenté sentarme lo más cerca posible al altar y así poder ser uno de los primeros al felicitar a la reciente pareja. De pronto el piano cambio de melodía y todo mundo comenzaba a voltear, la novia estaba entrando. Yo no gire, esperaba que estuviera a mi nivel para verla. Qué estúpido fui, si lo hubiera hecho podía haberme ido más rápido.

Su prometida era el amor de mi infancia, mi dulce y tierna vecina. La vecina que había dejado de ver por su estúpido prometido y sus tontas normas. Me tragué toda la ceremonia y tiré mi orgullo al momento de felicitarlos. Ella me reconoció, pero solo me regalo una sonrisa. Les di mis mejores deseos –sinceros- y les dije que no podría estar en la fiesta. Ahora imagino que la vida suele jugarte así…

Camine unas cuadras y termine sentándome en la banca de un parque. Muchas parejas, muchas madres con sus pequeños, muchos paseando a sus mascotas; mucha gente y yo solo. El parque tenía un área de juegos y eso parecía su mayor atracción, niños y niñas corrían a jugar alrededor. Me detuve a mirar esas sonrisas y deseaba que me las contagiaran, pero no podían por todos los recuerdos que abrumaban mi cabeza. Karl me había hablado con pasión de su prometida, que era única, excelente cocinera, muy inteligente, poseedora de una belleza incalculable, y resultaba ser mi amor de juventud. Qué estúpido fui; qué estúpido Karl al alejarla de mí, pero… ella parecía feliz en la boda, quizás si existía el amor en ellos. Karl no sabía de mis sentimientos por ella y no podía odiarlo; y ella parecía feliz…

  • Disculpa, ¿puedes ayudarnos? –me dijo una niña de 7 u 9 años
  • ¿Si?
  • La cometa de mi amigo se atoro y no alcanzamos la soga –su pequeño dedo señalaba el árbol

Era muy sencillo, solo jalé de la soga y la cometa cayó intacta sobre el césped. Se la tendí a la niña y salió corriendo a entregársela a un niño que lloraba. Aquella niña estaba enamorada del llorón, era muy evidente gracias a su mirada y la dulzura con la que lo consolaba. El amor de infancia es casi imposible me dije.

  • Gracias por ayudar a mi hermana –ahora me hablaba una niña de 12 años- tengo 15 por cierto…
  • ¿disculpa?
  • Lo digo por la forma en que me miras… -su sonrisa era bonita- supongo que intentabas adivinar mi edad
  • Sí, algo así.
  • Yo no llegaba a la soga y tú eres bastante alto, no me atreví a pedirte ayuda, pero mi hermana haría lo que fuera por Xavier.
  • Entonces… -no sabía si era apropiado comentarlo- te has dado cuenta qué ella está enamorada de él…
  • Desde luego –los miraba con ternura- y felizmente es correspondida… ¿te parece raro encontrar el amor en este gran salón?
  • Si por salón te refieres a universo, me parece algo impensable siquiera…
  • Eso es lo que hace maravilloso poder bailar en él –hizo un giro de vals- por cierto, me llamo Camila. Muchas gracias por todo, espero pronto puedes disfrutar de un buen baile…

La seguí con la mirada, había ido por su hermana y el llorón; los tres voltearon a verme y me dijeron adiós con la mano. Una niña de 15 años había intentado cambiar mi forma de ver el mundo, mi mundo.

Ya en casa mi madre me esperaba en la sala y estaba muy ansiosa. Tomamos el té de la tarde y ella seguía sin decirme el motivo de su ansiedad, era evidente que deseaba que yo la interrogara.

  • ¿puedes contármelo? –el té estaba especialmente dulce ese día
  • ¡Tan perceptivo cómo siempre! –dejó la taza aun lado- ¡Felicidades! ¡Estás oficialmente comprometido!
  • ¿Qué? –escupí el dulce té- explícate…
  • No me vengas con esas reacciones, tienes 25 años y lo más evidente es que debías comprometerte pronto… todos tus compañeros se casarán y tú no puedes quedarte atrás. Además, me he demorado porqué deseaba encontrar la mejor esposa para ti.
  • Eso no responde nada… ¿es qué yo no podía elegirla?
  • Sabes que estas decisiones son tomadas por los padres…
  • ¿qué hay si ella no quiere?
  • No tiene muchas elecciones… ya está por terminar el colegio y debe comprometerse antes de acabarlo.
  • Si nadie ha pedido su mano en matrimonio antes debe ser por algo…
  • Bueno, tú lo puedes descubrir… -tomo otro sorbo del dulce té- ella viene mañana con su madre.

Termine mi taza y me retire a mi cuarto. Necesitaba asimilar, me dolía la cabeza, me dolía el estómago, pero por más dolor que tuviera no desaparecía la desesperación que comenzaba a sentir. Una prometida…

Al día siguiente mi madre tenía todo preparado –como guion de novela-, un pequeño almuerzo en nuestro jardín y luego nuestras madres irían a la sala de té, mientras mi prometida y yo conversaríamos frente a la pileta del jardín. Como un cuento de hadas, decía mi madre. Estaba por discutir las ideas de mi madre, pero entro la muchacha del servicio a decirnos que había llegado mi prometida, su hermana menor y la madre de ambas.

Fuimos al recibidor y primero entro una dulce señora, de la mano llevaba casi a rastras una pequeña que se me hizo familiar. Mi madre les dio la bienvenida y yo salude con la mayor educación posible.

  • Gracias por recibirnos –una dulce voz acompañaba a la señora- ¿Camila? Hazme el favor de entrar

Sus largos rizos, su tez clara, menuda figura, y bella sonrisa, eran las mismas de ayer. La hermana mayor de la niña de la cometa estaba frente a mí.

  • Me encanta su jardín… -nos dijo a modo de saludo
  • ¿Quisieras que la fiesta fuera ahí? –le pregunte sin pensar
  • ¡Me encantaría! –nuevamente esa bella sonrisa

 

¡Qué maldito es el destino! Le encanta jugar. Todos bailamos a su ritmo, Camila amaba bailar y yo estaba dispuesto hacerlo, por una única vez me dejaría llevar por la melodía que el destino nos tocaba.

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