Diamante

Diamante

El hombre que me compro está muerto y aun que temí por mi destino, él me tranquilizo. Salva es el hijo menor de mi examo.

Él peleó con sus dos hermanos mayores por mí. Mi examo había dejado estipulado que cualquiera podía tenerme luego de un duelo. Los 3 me deseaban, pero sé que los 2 hijos mayores me querían con codicia y malicia, mientras Salva me quería con lastima. Ahora yo le estaba agradecida por tomarme. Él, a diferencia de su padre, me dejaba andar por la casa con total libertad y me había dado un cuarto propia en la mansión, también me dejaba comer en la mesa y vestir bellas ropas; y lo mejor es que él ni sus hermanos venían a mi habitación por las noches como lo había hecho su padre desde que me comprara.

Salva era especial, su cuerpo delicado impedían que pudiera moverse por días, pero cuando estaba bien me acompañaba y me pedía que le cantará como lo hacía en la isla, como había vivido con mis hermanas. A su lado yo me sentía tranquila y creí que podía volver a ser feliz aun sin mis hermanas.

Tan absorta estuve en mis anhelos que no pude ver los cambios que sufría Salva, pasaba días encerrado con su médico, estaba pálido y más delgado, ya no sonreía como antes, incluso ese vigor y fuerza con lo que había ganado a sus hermanos estaba desapareciendo.

  • Debes prometerme una cosa -me dijo mientras intentaba sostener un libro- si yo ya no pudiera protegerte te marcharás sin preocuparte de mi. Me olvidarás e intentarás volver a esa isla tuya y tampoco desperdiciarás tu vida buscando a tus hermanos. Tú debes vivir.

Le sonreí y siguió leyéndome ese libro. Ese día percibí por primera vez un extraño olor emanando de él. Ala semana su salud empeoró y no pude verlo 15 días. Su doctor lo visitaba con mayor frecuencia y los sirvientes parecían intranquilos.

Un día pude encontrarme con su médico en la sala y le pedí una explicación; yo lo esperaba, pero eso no evito que me doliera. Me confesó que Salva moriría muy pronto, una enfermedad extraña se había desarrollado en su cuerpo. No tenían ni idea del tratamiento que podían usar y las medicinas habían dejado de funcionar, nada calmaba el dolor, ni bajaban la fiebre. Cada día era más doloroso.

  • Necesito verlo… -llevaba días sin verlo- ¿Cree qué él quiera?
  • Le duele su cuerpo y por momentos pierde el conocimiento, pero lo que más le duele -hizo una pausa, dudaba en decirlo- es no poder compartir más tiempo contigo…

No necesitaba escuchar más, subí corriendo la bella escalera, giré a la izquierda y luego a la derecha, pase la biblioteca, el estudio, el salón de té. La puerta que me esperaba estaba cerrada, toque una vez y nadie respondió, dos veces y nada, no espere y abrí.

El cuarto estaba oscuro, pero no me moleste en encender la luz. El olor era fuerte y me sentí mareada por unos minutos, era carne podrida, era como guardar un muerto. Pude escuchar algunos gemidos y balbuceos, el intentaba saber quién había entrado.

  • Salva, perdóname por entrar sin pedir permiso. Necesitaba verte. Hable con tu doctor, me explicó todo, yo quiero estar aquí, ¿puedo?
  • Cuando te gané pensé que podríamos pasar mucho tiempo juntos, pero me equivoque. Esta enfermedad me devora y se que pronto me iré. Puedes quedarte conmigo, la verdad pensaba pedírtelo, pero ahora te ruego que te quedes conmigo.
  • Gracias, Salva…

Me dormí a su lado, el olor ya no me molestaba y buscaba calmarlo cada vez que gemía. Disfrutaba cada instante que su corazón latía. A la mañana siguiente informé a todas las criadas que to atendería a Salva a diario, ellas parecían encantadas con la noticia.

El quinto día Salva amaneció peor, llamé al doctor y todo el día estuve con él. El olor a muerte había incrementado, ya no le quedaba tiempo, era nuestra última noche. Entre a su habitación y el me lo dijo…

  • Sé que no me queda más tiempo, lo sé. Gracias por todos estos días y perdona a mi padre, a mis hermanos y a mi -comenzó a llorar- mi padre te compró y destruyó tu vida, sabes… yo también te deseo como ellos, soy igual a ellos.
  • No, no lo eres -seque sus lagrimas con mi manga- tú me deseas como yo a ti.

Lo besé, mi primer beso de amor era con un hombre moribundo. Todo el dolor que había vivido desde que me sacaron de la isla no se comparaba a este momento.

  • ¡Dragón!
  • ¡Corran! ¡Un dragón!

La casa se llenaba de grito, salí al balcón y los empleado habían sacado sus armas y las mujeres buscaban refugio. Alguien toco la puerta

  • ¡Señorita debes esconderse! -era una de las empleadas- ¡Un dragón viene para acá!
  • ¡Váyanse ustedes! ¡yo me quedaré!

El viento golpeo el balcón, con las ventanas abiertas las cosas se cayeron al suelo, rompiendo floreros y espejos. El dragón estaba sobre la casa y no pensaba moverse, otro golpe de aire, un rugido, sus garras se escuchaban en el techo. Si esto seguía el techo podía caerme encima o salir volando, y en cualquier caso Salva terminaría herido.

  • ¡Vete! -me grito- escóndete en el sótano. Si la casa se incendia vas a sobrevivir.
  • ¡No! -fui corriendo a cerrar las ventanas y el balcón. El dragón me vio y volvió a rugir, todas las ventanas del segundo piso se hicieron añicos.

Mi corazón comenzó a latir y sentía mi piel arder. Era ella, era mi hermana.

  • Hermana… ven -abrí los brazos para recibirla

El enorme dragón se transformo y cayo sobre mis brazos. Mi pequeña hermana me había encontrado.

  • ¡Tonta! Te estuve buscando -me abrazo- debemos irnos, la hermana mayor nos está buscando, no está sola. Todos nos volveremos a reunir, ¡Vamos!
  • No puedo… -mire a Salva- debo quedarme
  • Sabes que está por morir, pude sentir el olor a distancia…
  • Pero aún está vivo… -no podía rendirme
  • Ella tiene razón -Salva estaba despierta- tus hermanas se van a reunir. Cuando me contaste de ellas por primera vez yo temí este momento, pero ahora me alegro, serás feliz.
  • No podría serlo, no sin ti.
  • No es necesario -intervino mi hermana- usa tu poder y ese sera su sacrificio, me transformaré y lo llevaremos donde nuestras hermanas y si ella está…
  • ¡¡…podrá devorar la enfermedad!! -una de nuestras hermanas tenía tal poder

Salva me miraba sin comprender una sola de nuestras palabras.

  • Te amo, Salva… ¿y tú?
  • Te amo desde el primer día…

Comencé a llorar y lo besé. Una de mis lagrimas entro a su boca y me alejé, ya estaba hecho. Su cuerpo comenzó a endurecer y pronto todo su cuerpo se hizo diamante. Ya estaba hecho… solo debíamos encontrarnos con las demás.

No comments yet. Be the first one to leave a thought.
Leave a comment

Leave a Comment