Diario: No me voy a callar

Diario: No me voy a callar

Les voy a contar tres historias muy curiosas, pero deben prometer que ustedes deben darle el final…

Historia 1: Yo quería una familia

Hace muchos años ella había sido un alma libre, como esas aves que ves en el cielo volando y volando. Pero un día se enamoró y sin querer o queriendo quizás, nació un fruto de ese amor idílico. Los primeros meses fueron maravillosos, como cualquier pareja él era indiferente, o se iba y volvía, ella esperaba que con el tiempo todo se normalizara.

Un día la bruja mala vino y encaro a la mujer, le dijo cosas crueles de aquel hombre que ella amaba y un resentimiento y dolor se creo en su corazón. El tiempo paso y la mujer tuvo a su pequeño amor en brazos, de aquel hombre no sabía nada, pero la paz no duro demasiado y el hombre volvió.

Ella estaba enamorada, su corazón se estaba volviendo débil y, sobre todo, había crecido con la idea que una familia estaba conformada por madre + padre + hijos, y su “familia” no lo estaba sin él. Los 3 se juntaron y se mudaron juntos en un pequeño árbol, las cosas fueron en paz, pero algunos días podías escuchar unos gritos o sentir la tensión al pasar cerca, las cosas continuaron y el pequeño fruto había crecido tanto como para poder diferenciar cuando su madre lloraba y no de felicidad.

Aquel día el pequeño amor pudo notar la diferencia, su madre estaba siendo arrinconada contra la pared de su habitación, el padre gritaba y gritaba intentando imponer su autoridad. El pequeño amor comenzó a pedir ayuda a sus amigos y ellos pudieron salvar la situación. Papeles y papeles vinieron después, pero el pequeño amor estaba tranquilo y triste, una mezcla de sentimientos nueva para él, pero no para aquella mujer.

Ella sentía que se había equivocado, pero no sabía dónde. Ella sentía vergüenza por lo que le había pasado. Ella tenía miedo de lo que pasaría de ahora en adelante. Ella estaba molesta consigo misma y decepcionada de la mujer que se había vuelto. El vació que siempre había tenido en el pecho hoy era más grande, más profundo, más oscuro…

Aquel hombre está cerca y lejos, ¿aquel hombre volverá? ¿ella lo debe recibir o siquiera esperar?

 

Historia 2: MiAm

Ella había hecho todo bien; trabajaba y estudiaba, ayudaba a su madre en casa y cuando podía pagaba algunas cuentas, era una mujer fiel a sus valores e ideales, pero un día conoció a un joven totalmente diferente a ella y eso la atrajo, eso le gustó.

Él le mandaba detalles, le decía cosas bonitas, cosas tan bonitas que nunca ella había escuchado o siquiera pensado. Salían y salían, él le estaba mostrando el mundo al cual ella se había privado, a las noches de fiestas y las salidas de amigos. Él le juraba amor eterno, y aunque sus intenciones eran buenas, ella aún tenía algunos impedimentos familiares como para estar juntos, su madre era uno de ellos. Las cosas siguieron y bien o mal se querían e intentaron superar todo obstáculo. Los primeros problemas de toda pareja comenzaron a suceder, las discusiones y peleas de noches; los buenos días y buenas noches quedaron atrás, ahora solo estaban los silencios eternos. Una noche discutieron y él se marcho a los brazos de otra compañía, pero ella no lo sabía.

Siguieron intentando seguir juntos y su relación no era la mejor, pero algo de aquello quedaba. Un día, por evidente falta de interés, ella estaba embarazada y con alegría recibieron la noticia, ambos creyeron que esto funcionaría mejor o algo, pero las cosas no salen como uno sueña o piensa. Esa mañana él le comunicó que su relación terminaba y que no volverían a estar juntos, pero no olvidaría a su hijo.

Ella sintió que su corazón se partía en miles de pedazos, había entrado a una cueva muy oscura y no sabía si saldría, pero el tiempo le fue demostrando que en aquellos momentos existía gente que siempre la había ayudado, pero ella no lo había notado. Ahora su vida a tomado otro rumbo y mientras espera que Miam venga al mundo, ella intenta siempre ser mejor…

Aquel joven le ha propuesto vivir juntos, pero sin una relación, le comprará una linda lavadora, cocina y amplia refrigeradora, ¿qué debería hacer?

 

Historia 3: No me pude quedar callada

Aquel día ella estaba cansada y fastidiada, el calor la sofocaba, el día en el trabajo la estaba enfermando. El micro estaba repleto y estaba parada con los audífonos a todo volumen, no quería escuchar los problemas de otras personas, ni siquiera quería escuchar lo de si misma. El carro se detuvo y subieron más personas, más apretados, más calor. El carro comenzó a moverse y un hombre se acomodo detrás suyo, con el movimiento del carro no lo notó, pero luego fue evidente, aquel hombre estaba sobándose contra ella. Podía sentir la respiración de aquel cerdo en su nuca y eso fue suficiente para detener su música y guardar los audífonos en el bolso, volteó para ver directamente al cerdo. Él no parecía alterado, quizás por qué no sabía lo que vendría…

La chica había volteado para sujetar de los testículos al hombre, lo miró con todo el odio que había guardado por su estrés, su cansancio, su calor, su día a día, y apretó lo más que pudo, lo suficiente para ver el rostro del hombre desfigurarse mientras le decía lo-cerdo-asqueroso-que-era y que ojala-se-muriera-, que tenía el deseo incontrolable de cortar sus testículos, que era un puto. Ella no lo sabía pero había comenzado a gritar y él hombre también, “loca, loca” le decía.

La gente del bus entendió lo que sucedía, pero nadie intervenía, el carro no había parado y la confusión se había dibujado en todos los rostros presentes, ¿tú que podrías hacer por aquella chica?

La vergüenza, la sociedad, el tiempo, la crianza, y muchas cosas más, han hecho que nosotras decidamos callarnos las cosas; el poco apoyo que podemos recibir
y la forma de juzgar de otros nos puede congelar y atemorizar. Nos han criado creyendo que existe una estructura de vida, pero es solo un camino,
nosotras podemos tomar diferentes, iniciar por un lugar y terminar en otro, eso es parte de nuestro crecimiento. Nosotros tenemos derechos, responsabilidad,
pero sobre todo libertad. No tenemos por qué soportar dolor, quedarnos en un lugar que no nos gusta, esperar a alguien que realmente no está; no podemos-debemos detenernos.

 

 

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