El Jardín – Cap 2

El Jardín – Cap 2

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Según mi madre, alguien me esperaría al bajar del tren y no debía confiar en quien me recibiera, ni en quien me hablará, es decir… en nada ni nadie, solo debía confiar en ella. La noche de mi cumpleaños mi madre me contó una historia casi sacada de un cuento, todas las mujeres de mi familia habían pertenecido al Aquelarre deBrujas Antigua del clan más fuerte, todas al servicio del Rey. Al escuchar eso no pude evitar reír, pero el rostro de mi madre me demostró que no era ninguna broma. Mi familia era parte del Aquelarre principal del Rey, pero en la época de mi madre se rompió algo.

Mi abuela había roto el contrato de paz por haber tratado con demonios –para su uso personal- fue descubierta y sentenciada, pero aquel demonio la ayudo y no pudieron castigarla, pero si expulsada del aquelarre. Ya no podía ejercer sus poderes para el servicio del país, pero algunas criaturas y humanos la buscaban y así pudo conservar su riqueza. Mi tarea era simple, vivir un mes en su casa, cuidar el jardín de las fotografías y asegurar que toda su riqueza volviera a nuestra familia. Parecía realmente sencillo…

– Nos detendremos por una inspección –dijeron por los parlantes del tren

– ¿Qué?

– Es rutina –dijo la anciana que estaba delante de mí- cálmate, seguro algún diablillo ha escapado.

– ¿Diablillo? –sentí como la sangre de mi cerebro dejaba de circular

– Llevo rato pensándolo, ¿es la primera vez que vienes a este lado del país no? ¿de dónde vienes?

– De “Viem”

– Con razón, no suelen ver míticos en esa zona. La tecnología y escudos aleja cualquier rastro de poder y energía.

La vieja estaba en lo correcto, la gente normal –como yo creía que lo era- vivía en “Viem” y un grupo mucho más amplío podía vivir en “Mitika”, tierra de energía; muchísima gente quería vivir ahí, pero para siquiera pensar en vivir ahí debías tener cierto poder. Nuestro reino se dividía entre la Ciencia y las Artes; la ciencia se fundó para todos aquellos estudiosos deseosos de poder y no habían nacido con él, las artes eran para todos los que llevaban en poder en la sangre.

– ¿Qué te trae aquí? –preguntó la anciana

– Bueno… -no sabía cómo decirle algo que ni yo estaba segura.

Mientras pensaba una respuesta genial que cortará las demás preguntas apareció una joven en la puerta que nos observó y al momento de encontrarse con la anciana su rostro cambio.

– ¡Aquí estás! –grito metiendo su mano al bolsillo

– Al parecer me encontraron… -la anciana sonreía

Lo que paso después quisiera terminar de olvidar, la anciana se levantó y su cuerpo se había estirado de una forma tan anormal que me causo unas náuseas y el olor -¡Qué olor tan desagradable!- podía tumbar hasta a un toro, su piel se pinto de un tono azul y sus ojos se habían volteado totalmente. La joven le tiró una cadena que comenzó a presionar su cuello y cuando parecía que la anciana se estaba rindiendo estiro su brazo para tocar mi rostro.

– ¡Eso no! –grito la joven- mis palabras serán los cuchillos que atravesarán tu alma “MUERE”

La anciana parecía desorbitada, su cuerpo se relajó y se llevó ambas manos a la altura del pecho, sus largos dedos penetraron su pecho y brotó la sangre hasta que llego al corazón y se lo arrancó, yo estaba por vomitar. La joven se acercó y me ordeno sentarme, comenzó hablar y perdí toda la conversación en el aire, solo entendí dos cosas:

  1. La anciana había sido un demonio
  2. La joven había usado palabras santas para matarla

En las 5 horas de trayecto hasta la ciudad de mi abuela pude recordar toda la información de los seres míticos que habían tocado en la escuela y recordé que las palabras santas solo podían ser usadas por ciertas brujas. El tren se detuvo y baje, busqué a alguien que viniera por mi o siquiera tuviera un letrero con mi nombre, cuando caí en la cuenta de ¿cómo diablos me iban a reconocer?. Esperé una, dos, tres horas, hacía frío, moría de hambre y cuando había decidido irme y buscar un lugar donde comer y no pasar tanta incomodidad, pude verlo llegar.

– Solo puedo salir de noche –hablo sin mirarme, pero imagino que era su forma de pedir disculpas

– Gracias por venir, me llamo María Claudia –intente ser cortes a pesar del frío y hambre

– Lo sabemos, Maclau –me arranco la maleta de la mano

– ¿Puedes decirme tu nombre? –qué diablos le pasaba

– Todo a su tiempo, ya te ganarás ese derecho

– ¿Qué?

De qué hablaba este, me había hecho esperarlo 3 horas y claro estaba llevando mi maleta luego de habérmela arrancado de la mano, me llamo “Maclau” con toda la confianza posible y yo no sabía ni su nombre, ¿de verdad creía que lo seguiría sin más? ¿qué derecho debía ganarme?

– ¡Muévete! –me gritó, estaba a casi 5 metros de mí

Si al recibir la carta tenía interés en conocer todo de mi abuela y lo del tren me había impactado, ahora quería gritar y golpear a este chico, pero mi madre jamás me lo perdonaría y ya me había advertido de algo así, “ellos intentarán provocarte, no caigas” habían sido sus palabras. Respiré hondo, sonreí y lo seguí.