La primera noche del 2018

La primera noche del 2018

Mientras fumo un Lucky y bebo Cuzqueña de Trigo tengo el celular en la mano derecha y veo como el año que acaba de morir me ha cambiado. Ojo estoy en la terraza e intento no saltar con los cohetes que no dejan de reventar mis tímpanos.

El 2017 fue una maldita mierda. Fue el peor año para mi salud, estuve con náuseas y dolores, idas y venidas del hospital. También, estuve entrando y saliendo de los trabajos; sin dramas políticos ya nos maltratan en las empresas no puedo imaginar cómo será ahora con todo el teatro político. En la familia todo bien, no hubo muertes ni nacimientos. Lo genial y casi narcótico han sido los libros y sus resúmenes, las nuevas amistades que hice gracias a ello, las ferias, los libros gratis, la radiiiioooooo…. ¡maldición! La radio ha sido genial; me encanta gritar –en un buen genio- y hablar por la radio es casi terapéutico. Por lo que sé de este año, es que tengo nuevos invitados, dos geniales editoriales apoyando, sorteos para los chicos, quizás uno que otro video –me estoy tardando-, y mientras pueda traer más diversión, yo me pongo más feliz.

Este año tuve el valor –o dinero suficiente- para iniciar con Alternativa Correcta (la web, FB e Instagram), ese espacio que necesitaba para escribir cada cosa que soñaba o para tirar un poco las ideas dementes de mi mente, comentar y fotografiar los libros que me encanta, comentar uno que otro anime, compartir los mangas, y escribir… que es mi verdadero amor. Pero este año el amor me dio náuseas, ni bueno ni malo; ¡next!  Este año estoy por concluir con mi educación –con título y todo- y a pocos meses de ser una personal “laboralmente” aceptable, pero me abruma la idea de ir a una oficina mucho tiempo, viendo una y otra vez las mismas caras… qué tal si mata mi poca creatividad, o entro en un derrame-parálisis y todo lo que puede dar. El año muerto, estuve ansiosa y sentí miedo más veces de las que podría admitir, estuve feliz y reí bastante, evito estresarme, pero evitarlo 365 días del año es casi imposible.

Y mientras podría estar en la cama con alguien, contando los últimos minutos del año, o podría estar viajando en motocicleta a donde diablos me lleven, también podría estar felizmente casada –sí claro “felizmente”-. Incluso podría estar bebiendo con algunos amigos en la playa, o rompiendo el piso bailando como una demente con mis amigas, pero no… hoy me encuentro en mi terraza bebiendo, fumando, escribiendo, al lado de mi no-asustadizo bebé, cinco años a su lado y es mi relación más larga y estable.

Lo interesante de no estar haciendo “nada” es que puedo ver todo. Y como lo dije en un inicio estoy en mi terraza y veo las fiestas y borracheras de mis acalorados vecinos. Los de abajo estar en una ronda tomando y tomando como si bebieran agua del Nilo y las chicas bailan a un ritmo poco habitual –menéate mami, manéate-; los de al frente tienen los cohetes en los pies, no dejan de bailar y voy varios cigarros… los chicos están muy buenos y por mí pueden seguir bailando el año entero. ¡Mierda, mierda, mierda! La primera botella rota… y viene lo bueno.

Espero con ansias este año del perro, solo pido… que si es una mierda, sea una verdadera mierda que me pueda hacer disfrutar.

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