Soy la diosa de Noah

Soy la diosa de Noah

Soy lo que llamarían una diosa y mi deber es cuidar la existencia de los animales creados por mi padre. Mi padre ama la vida y mi madre la arrebata, viven en equilibrio perfecto, pero eso sería otra historia.

Como protector de los animales veo que el equilibrio sea perfecto; no deben existir muchos carnívoros, sino los herbívoros se verían seriamente amenazados, al igual que debo cuidar la cantidad de madres y crías que nacen por temporada. Pero todo es más duro de lo que parece, discuto a diario con mi hermana mayor; ella debe cuidar las plantas del planeta y siempre acusa a mis hijos de dañar a los suyos.

  • ¡Te lo advierto hermana! –otra discusión estaba comenzando- ¡Aleja a esos osos de mis bosques! Destruyen los árboles que tanto cuido. ¡Son unos brutos!
  • Te entiendo… -quería calmarla- pero están con sus crías y tendrás que esperar una temporada por lo menos…
  • ¡Llévatelas! –me gritó y desapareció entre los árboles.

Fui al bosque en busca de mis osos, no pensaba llevármelos solo me dedicaría a observarlos y cuidar que mi hermana no hiciera ninguna tontería para molestarlos. Ver crecer a mis hijos siempre me da alegría, me da fuerzas para seguir. Podía escuchar como las madres intentaban enseñarles a sus oseznos cómo trepar un árbol o qué bayas eran deliciosas. Esta, sin duda, sería una excelente temporada para mis osos.

Había días en que los osos se acercaban a saludarme, pero otros más precavidos se alejaban con sus pequeños. Los oseznos más traviesos solían jugar conmigo e intentar tumbarme, dentro de ellos estaba un pequeño oso grizzli. Su pelaje resultaba más esponjoso y de un color chocolate. El pequeño se llamaba Noah y siempre era vigilado por su madre, Natar.

  • Te dije que te los llevaras… -mi hermana había aparecido justo detrás de mí.
  • Hermana… -tenía que explicarle lo evidente- todas ellas tienen crías y si las muevo puede que las crías se desorienten y lleguen a un pueblo. Sabes que terminarían muertas…
  • Lo entiendo… ¿pero mis árboles?

Mientras pensaba una excelente respuesta o excusa en el mejor de los casos, el rostro de mi hermana cambio. Sus pupilas se dilataron y la piel se le crispo tomando un color verdoso. Estaba molesta.

  • ¡Maldito humanos! –gritaba mientras corría entre los arboles- ¡Mil veces malditos!

Se movía tan rápido que me costaba seguirla, pero lo hice. Se detuvo frente a un árbol brutalmente talado. Como si eso no bastara para despertar su ira pudimos escuchar maquinas, hombres, y más arboles caer.

  • ¡Los mataré! ¡Los mataré a todos! –estaba perdiendo la conciencia- ¡Todos los humanos deben morir! ¡Los mataré!
  • ¡no! –debía detenerla- sabes que no podemos intervenir, detente.
  • ¡Cállate! –estaba llorando- durante años he permitido que destruyan mis bosques, utilicen mis prados, contaminen mis tierras. Nunca se detendrán ¿¡Qué esperan!? Acabaran con todos los bosques si no los detengo. ¿No deseas vengarte también?
  • Conozco tu dolor, pero debemos ser fuert… -una punzada atravesó mi corazón, luego otra en la nuca, el hombro, el pecho; sentí nauseas, mareos, mi vista se nublo… supe que sucedía- ¡mis hijos! ¡No toquen a mis hijos!

No importaba que tan fuerte gritara, los humanos no nos escuchaban. Su mente se ha cerrado a nuestras voces, al amor, a la vida misma, solo se escuchan ellos mismos y sus oscuros deseos. Llegaba tarde una vez más, todas las madres estaban muertas y las crías estaban siendo capturadas y metidas en diminutas jaulas. Sus llantos llegaban a mi corazón, sus suplicas rompían mis oídos. ¡Noah! ¡Noah estaba llamándome!

Cuando lo localice estaba escondido debajo de unos arbustos, pero un humano estaba demasiado cerca, si lo movía podría notar mi presencia. El árbol que estaba detrás del hombre se partió de repente y cayó sobre él. Muerte rápida.

  • ¡Toma a tu oso y vete! –me gritaba mi hermana, quien había destruido a uno de sus hijos por salvar al mío- ¡Date prisa! Él debe estar por venir…

Cargué a Noah, y pude sentir su agitada respiración junto a un cuerpo tembloroso. Lo abracé lo más fuerte que pude; quería trasmitirle paz, pero ni yo misma la sentía en ese momento. Unos gritos nos alertaron que él había llegado; mi hermano mayor, el hermano mayor de todos nosotros. Me aleje para que no sintiera mi presencia, pero aún podía escuchar lo que hablaba con mi hermana.

  • ¿Cómo te atreves a tomar una vida humana? –estaba furioso- ¡Estúpida insensata!
  • ¡Controla a tus humanos o morirán todos! –mi hermana comenzaba a agitarse, estaba por transformarse
  • ¡No me amenaces! ¡Solo eres un estúpido tronco! –mi hermano la tomo por los hombros.

Ella busco mi mirada y me rogaba que me alejará. Apreté a Noah contra mi pecho y comencé a correr, por más lejos que intenté estar los gritos de mi hermana llegaban a mí. Esa noche no pude dormir, pero Noah sí. A la mañana siguiente mi hermana vino a mi casa, estaba un poco pálida y desarreglada, una larga y vieja capa la cubría. Preguntaba por Noah, ambas fuimos a ver como dormía y luego la invité a tomar un té de miel. Mientras conversábamos se quitó la capa y pude ver que me daba una sensación extraña. Su brazo derecho había sido arrancado, solo se podía ver pequeñas raíces.

  • ¿Qué paso? –pregunte aun sabiendo la respuesta.
  • Me lo arrancó… -parecía no importarle- no me mires con esa cara por favor, no me duele ni me interesa realmente, he perdido cosas y vidas más valiosas todo este tiempo… además pudo ser peor, y lo sabes, si supiera sobre tu oso o qué fue por ayudarte, habría matado al oso, y a ti te hubiera arrancado un ojo.

Los años pasaron y mi hermana y yo nos volvimos más unidas. Nuestros hijos vivían en equilibrio y todo estaba en equilibrio. Noah por otro lado, era un joven oso, grande y fuerte, pero un poco ingenuo por la sobreprotección que le había dado todo este tiempo. A pesar de todo, él era mi orgullo y mi más grande amor, él también me amaba; nos comunicábamos con señas o miradas, aunque yo lograba leer su mente siempre. Nunca lo volví a dejar solo desde el incidente de su madre, y terminaba arrastrándolo a todos los lugares que iba, él ya conocía toda clase de animales. Mi Noah era la compañía perfecta.

  • ¿no piensas liberarlo? –mi hermana había aparecido- ya es grande, puede sobrevivir…
  • Lo sé, pero yo no puedo vivir sin él –Noah estaba cazando salmones en el río mientras mi hermana y yo conversábamos debajo de un árbol
  • No existe regla contra lo que haces, pero él merece vivir con los suyos.
  • ¿Quiénes son los suyos? Ya no quedan osos grizzli, los humanos acabaron con todos; ayer murió el último rinoceronte, solo quedan 63 leones, hace un mes mataron al último elefante y hoy enterré al último alce… había sido mutilado. ¿Qué queda exactamente? ¿Qué le queda a Noah o a cualquiera de mis hijos? Llevo siglos con este dolor, con esta verdad, con esta evidencia y desinterés de los humanos por los otros seres vivientes. Quizás tú no me entiendas, tus hijos vuelven a crecer… los míos están desapareciendo. No los matan por hambre o necesidad, es su maldad quien dispara el gatillo, quien lanza la flecha; su sed de muerte, su codicia, ha acabado con mis hijos… me están arrebatando todo. Noah ya no tiene familia como muchos de mis hijos la pierden a diario…
  • Lo siento, quizás dije palabras a la ligera… -estaba arrepentida- yo siempre expreso el dolor de mis hijos, no pensé que tu cargabas con tanto sufrimiento.

Nos quedamos en silencio viendo a Noah jugar en el río. Intentaba cazar más salmones, se divertía como un cachorro. Amaba verlo crecer, verlo feliz. Mi Noah era feliz.

  • ¡Humanos! –comenzó a gritar mi hermana- ¡son muchos! Los árboles están asustados, tiene armas y hachas; harán fuego.
  • ¿Noah? –no lo veía- ¡Noah! ¿dónde estás? ¡Noah, ven!

Se había alejado para cazar. Ingrese a la mente de todos los animales cercanos y un ciervo lo había visto mientras intentaba huir de los humanos. Noah corría peligro. Debía encontrarlo antes que los humanos, eran demasiados para un oso joven.

  • Está con Abedul –mi hermana también había entrado a la mente de sus hijos- sígueme, lo tienen rodeado.

Eran 8 cazadores y lo tenían rodeado como había dicho mi hermana. En esa situación era imposible trepar el árbol, una bala podría tumbarlo. Mi hermana y yo lo veíamos desde la copa de un árbol cercano. Mi hermana podría hacer que uno de sus hijos atacará a los humanos y así Noah podría huir, pero él lo sabría y vendría nuevamente por mi hermana.

  • ¡Noah! –le grité- escúchame, no temas. Te voy ayudar, pero no los asustes. El miedo despertará su instinto asesino si intentas atacarlos.
  • Tumbaré el árbol, haz que Noah corra. ¿Entendido? –mi hermana estaba por hacerlo
  • ¡No! –estaba decidida- esta vez, yo lo salvaré

Noah era mi único. Debía salvarlo. Mi hermana dio su brazo, Noah perdió a toda su familia, y yo no perdería a un solo hijo más.

  • ¿no estarás pensando mostrarte no? –mi hermana había leído mi mente- ¡No seas estúpida!
  • No puedo perderlo, no a él.

Me lancé del árbol y caí entre Noah y los humanos que le apuntaban. Quité la protección que me permitía ser invisible frente a los humanos y vi el miedo en sus ojos. El mismo miedo que tenían mis hijos al morir en sus manos.

Para ellos, yo era un monstruo. Mi rostro cubierto por el cráneo de un alce les impedía ver mi piel, pero de mis ojos salían lenguas de fuego y mis colmillos estaban visibles. Mi pequeña figura demostraba mi agilidad y las inmensas garras que veían estaban bañadas en sangre. Sí, soy una criatura bastante horrible. Ellos sabían lo que pasaría, yo lo sabía, aquí correría sangre. Aquí ellos morirían.

El primer disparo reboto en mi cráneo, pero yo ya estaba frente al hombre arrancando su corazón; la sangre, la bella sangre comenzaba a correr. Los otros intentaron dispararme, pero comencé a perforar sus pechos y cráneos. Todos debían morir, todos debían morir con miedo de mí. Era su final y el mío también.

Noah había observado todo al lado de mi hermana y cuando el ultimo humano cayó al piso él se acercó y comenzó a lamer mis manos para limpiar la sangre. Solo pude sonreírle, él me amaba tanto como yo a él. Pero los ojos de mi hermana no demostraban amor, estaba aterrada… sabía lo que venía.

  • Noah –me puse a su altura- te amo y perdóname por no poder cuidarte más. Hoy será la última vez que te vea, pero mi hermana se hará cargo de ti hasta que yo vuelva a nacer. Sé un buen oso y espérame ¿sí?

No pude aguantar las lágrimas mientras Noah seguía intentando limpiar toda la sangre.

  • ¡Perra! –sentí el impacto de un trueno en lo rostro- ¡Mataste a mis hijos!

Ahora me tenía sujeta del cuello. Me mataría. Mi hermana había jalado a Noah impidiendo que el golpe lo impactara a él también. Sentí un golpe en el abdomen, dos costillas rotas; otro en el rostro. Abrí mis ojos y vi las garras de mi hermano sobre mi cuello, pensaba acabarme. Pero Noah había saltado para sujetar el puño de mi hermano a centímetros de mí. Mi hermano me soltó para tomar del cuello a Noah, impidiendo que le llegará oxígeno al cerebro, lo estaba matando.

  • Suéltalo… -una voz retumbo en el bosque- te lo ordeno…

La orden de mi padre era absoluta. Soltó a Noah, pero este ya estaba inconsciente. Estaba por moverme a su lado, pero mi padre había llegado antes y comenzaba a frotar la cabeza de Noah. Estaba muerto.

  • Ahora… -mi padre siempre tenía una expresión de paz- ¿por qué las manos de mis hijos están bañadas en sangre?

Los 3 sabíamos que aquella pregunta no necesitaba respuesta, él sabía todo lo que había pasado. Él siempre estaba observándonos, él estaba en todos lados. Él sabía sobre el brazo cercenado de mi hermana, el porqué de la sangre en mis garras, por qué Noah estaba muerto.  Pero igual, cada uno de nosotros contó lo que estaba pasando. Mi hermana habló muy tranquila, pero mi hermano hablaba con odio, y yo, solo pude llorar mientras miraba el cuerpo de Noah.

  • No pensé que esto terminaría así –mi padre se había recostado en un árbol- saben… cuando designe a cada uno de mis hijos como dios de una creación creí que entenderían el amor que yo sentía por ellos, pero ustedes están sufriendo. Viví feliz pensando que ustedes eran felices, pero la negra noche ha caído sobre nosotros y es momento que el sol vuelva a salir.
  • Padre… -dije- no le comprendo
  • Hija anda abraza a ese oso tuyo –me dijo con dulzura para luego mirar a mi hermano- tú eres el mayor de todos, mi orgullo, mi reflejo, pero al parecer eres él más estúpido. Tu deber como protector es cuidar y guiar a tus hijos, tu obligación era hacer que entendieran la importancia de la vida. Tú te has dejado influenciar por su maldad, por su debilidad. Lastimaste a tus hermanas… heriste de una forma irreparable a una de ellas, mientras a la otra le quitaste lo que amaba, ¿qué clase de hijo eres? Yo perdono a tus hermanas, pero no a ti. Tomaste la vida de un ser que defendía a tus hermanas, que había encontrado el agradecimiento y amor en su corazón, por defender seres que destruyen y odian a otros…. Debes pagar por ello.

Mi padre no se había movido ni un centímetro, pero los 3 sentimos como el ambiente estaba cambiando. Todos nuestros hermanos estaban escuchando sus palabras, todos teníamos miedo.

  • Desaparece… -fue lo único que dijo, mientras derramaba una sola lagrima.

Mi padre había eliminado a nuestro hermano y ni siquiera había movido un dedo.

  • Ahora –continuo como si nada hubiera sucedido- yo velare por los humanos y no perdonare nada. Si se equivocan serán castigados, pero si aman… recibirán más amor de lo que puedan comprender. Ustedes, hijas mías, debo pedirles disculpas… te devuelvo tu brazo. Y a ti, te devuelvo a tu más preciado ser…

Noah dio una gran bocanada de aire y abrió sus ojos. Nuestras miradas se encontraron, sus enormes ojos café tenían mi reflejo y sé que él podía ver el suyo en los mios. Él había vuelto a mí.

  • Gracias padre…

 

Ahora, los humanos son responsabilidad de mi padre, los arboles siguen siendo de mi hermana, y yo sigo cuidando de los animales. Noah es mi guardián… tiene 185 años y nunca ha vuelto a morir.

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